Mi hermano dice que soy un poco dramática y María Dolores. Yo creo que simplemente para estas cosas soy bastante británica. En el mundo exterior, soy como los pingüinos de Madagascar, sonrío y saludo e intento no decir nada a nadie que pueda molestar. Pero luego en casa las cosas cambian.
Cuando nos vinimos para este pueblo de Castilla de cuyo nombre no quiero acordarme, el marinovio y yo alquilamos un super piso. Es un edificio nuevo, con tres habitaciones y una terraza que para una asturiana color blanco nuclear supone el que quizás este año no pase del blanco al blanco, sino del blanco al avellana. En una de las habitaciones, la dueña del piso había dejado los muebles de exterior, ya que son de mimbre y no quería que durante los meses de invierno estuviesen fuera a la intemperie.
Al llegar nosotros le propusimos comprar una funda para muebles de jardín para poder así sacar los muebles a la terraza y aprovechar la habitación. De esta manera, tendríamos nuestra habitación, otra invitación para invitados con la cama nido con la que vinimos cargando desde el norte, y otra habitación que podríamos destinar a estudio/biblioteca (del síndrome de Diogenes que tengo con los libros hablaremos en otro episodio). La buena señora aceptó y hete tu aquí que pedimos por internet las fundas de sofá.
Y aquí es cuando empieza el drama. Mi querido, queridísimo marinovio no quería comprar la mesa y la estantería para el estudio hasta que no llegase la funda de los muebles. Yo intenté explicarle que igual que la funda iba a tardar en llegar 15 días, los muebles también tardarían y que sería todo un detalle, teniendo en cuenta las circunstancias, tener una mesa lo antes posible para poder esparcir todos los temas de las opos y poder hacer como que estudiaba de una manera más profesional. Pero el chico es fuerte y no cedió.
Total, que las fundas de los muebles tardaron en llegar ¡UN MES! Yo ya no sabía para donde mirar ni qué decir. Atrincherada en la mesa del salón, con libros por el suelo y bolis encima de macetas le lancé la mirada más odiosa que pude. Creo que se percató, porque media hora después la mesa y la estantería ya estaban encargadas.
Supongo que a estas alturas querréis que os enseñe foto de la mesa y la estantería, ¿no? Me encantaría, pero tenían que haber llegado el día 14 y hoy día 24 sigo sentada en esta mesa de salón. Marinovio acaba de ir a hacer la compra y me ha preguntado si quería algo. Lo habéis acertado, mi respuesta, al más puro estilo Richard III ha sido: '¡mi reino, mi reino por una mesa!'
(¿qué diría Shakespeare si viese esto?)
Creo que de la que se iba ha dicho algo sobre un psicólogo pero, la verdad, yo estaba ya muy ocupada pensando en cómo de bonita es mi mesa y qué bien va a quedar cuando llegue una vez acabadas las oposiciones.
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